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EDITORIALES AHER

UN VISTAZO RÁPIDO A LAS PRINCIPALES CAUSAS DEL CAMBIO DE COBERTURA FORESTAL EN EL PAÍS.

La desforestación y el cambio de uso del suelo es una preocupación creciente para aquellos que de una u otra forma aprovechamos las bondades que proveen las cuencas productoras de agua a lo largo y ancho de nuestro país.

En virtud de lo anterior resultó necesario hacer una revisión rápida de un total aproximado de 20 documentación disponible para comprender desde su contexto las causas principales de la desforestación y cambio de uso de suelo en el país.

De acuerdo el Sistema de Zonas de Vida como un esquema para la clasificación de las diferentes áreas terrestres según su comportamiento global bioclimático, las condiciones climáticas y geológicas prevalecientes en Honduras, se puede inferir que el país desde antes de las culturas aborígenes pre-hispanas, estaba cubierto en su totalidad por bosques.

El escaso valor comercial de los bosques para los aborígenes y la utilización sostenible del mismo les permitió vivir en armonía con su entorno. Además, estas poblaciones se asentaron en los valles cerca de ríos dedicándose a la agricultura caza y pesca.

Con el descubrimiento de Honduras entre 1502 a 1530 se inicia el proceso de disminución de las superficies forestales, primero en los bosques secos de los valles interiores y planicies costeras y luego en las áreas de pinares de la zona occidental y central.

Las explotaciones forestales han sido para la exportación. Por ejemplo, las explotaciones de Caoba (Swietenia macrophyla) en siglo XIX por los ingleses. Por otro lado, las compañías bananeras promovieron el clareo de los bosques latifoliados en las planicies y valles del litoral atlántico y sus vecindades con el fin de instalar plantaciones de banano, abastecerse de madera para construcción, construcción de línea férrea y madera para exportación con lo cual se inicia la industrialización primaria a través de la instalación de aserríos mecanizados. Años después se instalaron otras empresas de capital extranjero produciendo madera para la exportación. La explotación se intensificó en los bosques de pino en las áreas accesibles a los puertos de embarque en las zonas central, atlántica y sur del país (www.fao.org/3/ac768s/AC768S03.htm).

Otra actividad que tuvo serios impactos de cambios de uso del suelo fue la ganadería. “Se ha afirmado que alrededor de 368 mil hectáreas actualmente bajo pastos (16.7% del área destinada a la ganadería) sería potencialmente apta para cultivos agrícolas” (Rubén 1991).

Se estima que más de la mitad de las zonas originalmente boscosas han cambiado de uso de la tierra para dedicarla a la agricultura y ganadería. La mayor parte de la población rural hondureña se encuentra en laderas de vocación forestal. Los campesinos se dedican al cultivo de granos básicos como maíz y frijoles, cultivos semipermanentes como el café y la caña de azúcar y la ganadería.

El 46% de la superficie plantada con café está localizada en áreas arriba de los 1200 msnm por lo cual afecta mucho más a bosques nublados y de pino arriba de los 1000 msnm. La destrucción de los bosques nublados es de particular importancia no solo por la diversidad de especies sino por su función en la producción de agua y protección de cuencas hidrográficas.

Con el aumento del precio del café en el mercado internacional aunado a la serie de incentivos fiscales para incrementar las áreas de cultivo, se han disparado las estadísticas en este sector productivo. Para el 2006, el Instituto Hondureño del Café (IHCAFE) reportó que había cultivos de café en 15 de los 18 departamentos del país y las 237 mil hectáreas sembradas situaban a Honduras como el segundo país productor en Centroamérica. Representando el 14% del PIB Nacional y el 33% del PIB agrícola (cafedehonduras.hn). Muchas de estas áreas fueron originalmente bosques, incluso dentro de áreas consideradas como legalmente protegidas.

En las prácticas que se utilizan para el cultivo de granos básicos predomina el sistema de limpias, quema, cultivo a favor de la pendiente y pastoreo de rastrojos. Esto agrava el problema de degradación ambiental en suelos de ladera. El área erosionada fue estimada en 2.3 millones de ha en 1987 y la pérdida del suelo en algunas áreas ha alcanzado 500 ton/ha/año. Según estas estimaciones se indica que para el año 2000 el 40% del territorio estaría erosionado (FAO-CATIE. 2000).

El grado significativo de analfabetismo en Honduras dificultan en algunos casos el acceso a conocimientos y métodos que son esenciales para el manejo forestal e imposibilita erradicar conductas como la práctica de quema, propia de la agricultura tradicional utilizada para eliminar plagas o preparar tierras para los cultivos.

De acuerdo con el Plan Nacional de Protección Contra Incendios Forestales ICF 2020; Honduras cuenta con una superficie de 5.4 millones de hectáreas de bosque que albergan una gran diversidad de recursos eco sistémicos y belleza escénica; sin embargo, estos bosques se ven afectados por los efectos adversos del cambio climático y daños directos ocasionados por mano humana. De las diferentes amenazas a la que se encuentran expuestos los bosques, los incendios forestales es una de las principales que se presentan cada año, estos siniestros ocurren principalmente en bosques de pino y mixto (pino y roble) que representan el 40% de la cobertura boscosa (2,2 millones de hectáreas).

El fuego no controlado o en ecosistemas no adaptados causa daños a los recursos naturales (bosque, agua, suelo y aire) y en consecuencia a la salud de la población generando graves daños y pérdidas económicas que se estiman entre los $ 835 (L.20,649.55) por hectárea quemada, valorando únicamente bienes tangibles como la madera, el agua, resina y contaminación por CO2, no incluyendo en este valor los costos por cierre de aeropuertos, salud, ecoturismo y otros (Barrantes 2006) los cuales generan grande pérdidas para el país.

Según el informe de ejecución de actividades de la campaña nacional de protección de ICF, al cierre de la campaña 2019 se reportan 1,159 incendios forestales con afectación en 71,643.21 ha, registrando un incremento del 2% en número de incendios y 17% en área afectada, en comparación al 2018. (ICF 2019)

Sumado a lo anterior los bosques de pino han estado sometidos a alteraciones ecológicas y pérdida de su extensión causada principalmente por episodios periódicos del gorgojo descortezador Dendroctonus frontalis. El último episodio ocurrió durante el 2013-2017 afectando un total de 511,504 hectáreas. (ICF, 2017).

Finalmente, sin olvidar que la inequidad en la distribución de la tierra tuvo como respuesta una política de Estado desde los años sesenta del pasado siglo. Dicha política que originó la Ley de Reforma Agraria (creando el Instituto Nacional Agrario, INA) en 1961 derogada por la de igual título en 1974 con el objetivo de “establecer un sistema socialmente justo en el sector agrícola del país14”. Paradójicamente, fue esta Ley la que, a mediados de la década del setenta, abrió sin proponérselo, espacios para la deforestación, aunque los propios beneficiarios están conscientes que “El deterioro de las cuencas y subcuencas, la tala ilegal, los incendios forestales, la explotación irracional del bosque, son elementos contrapuestos a la búsqueda de eficacia productiva y crecimiento incesante de la productividad agrícola y pecuaria” (COCOCH 2008).

Lo anterior nos deja una lección aprendida; Honduras cuenta con una superficie de 5.4 millones de hectáreas de bosque que albergan una gran diversidad de recursos eco sistémicos y belleza escénica, en virtud de ello es de suma importancia unir esfuerzos coordinados entre los diferentes sectores con competencia y usuarios con el objeto de  generar sinergias en favor de la conservación y protección de las áreas protegidas, cuencas productoras de agua y remanentes de bosque, así como la utilización de prácticas sostenibles y más eficientes en actividades como ser la ganadería y la agricultura entre otros.

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